Publicado en SEMANAeconomica

 

Fernando era casi como una leyenda en su empresa.  Se unió a la compañía justamente después de graduarse de la universidad y fue ascendiendo poco a poco hasta llegar a una posición cómoda y a unos ingresos que le permitía vivir la vida que siempre imaginó.  Pudo inscribir a sus hijos en buenos colegios y tomar los viajes en familia que siempre quiso.  Fernando disfrutaba su trabajo y no tenía planes de hacer un movimiento en su carrera … hasta que su empresa fue comprada y su posición eliminada.  Luego de 20 años trabajando en la misma empresa, Fernando no estaba seguro de cómo sus habilidades podían adaptarse a un nuevo mercado.  Era un momento de mucha ansiedad y preocupación.

 

Quedarse en una empresa por mucho tiempo sin duda hoy es la excepción y no la norma por lo que si has estado en una sola empresa por más de una década, la historia de Fernando te debe sonar familiar.

 

Mientras que hace un tiempo el trabajar por mucho tiempo en una empresa era una cualidad admirable porque mostraba compromiso y un buen desempeño en el tiempo, con los cambios rápidos en la tecnología y la globalización, una estadía larga en una empresa podría ser una bandera roja para un empleador.

 

En un mercado laboral con el concepto “AGILE” como paraguas (derivado de metodologías ágiles), la forma de ver esto es que mientras más tiempo una persona esté en una empresa más difícil se le hace adaptarse a nuevas situaciones.  Esto podría tener algo de cierto ya que con el tiempo, nos acostumbramos a ciertas estructuras, procesos, culturas y formas de hacer las cosas de la empresa de la que hemos sido parte.  Pero el que hayas desarrollado hábitos efectivos en un lado, no quiere decir que no puedas desenvolverte exitosamente en otro. 

 

Si esta es tu situación ten en cuenta que sin duda se esperará que muestres tu capacidad de adaptación durante el proceso de contratación por lo que es mejor ir preparado.

 

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Acá algunas claves sobre cómo lograr una transición efectiva si has estado en una empresa por mucho tiempo:

 

1.Cree en tus capacidades y habilidades.  Independientemente de si has sido obligado a hacer este cambio o proactivamente lo has buscado necesitas empezar mirando adentro tuyo de manera muy honesta.  Si no estás confiado en tu capacidad para tener éxito en nuevos contextos, los otros tampoco lo estarán. El miedo es natural cuando entramos en territorios no explorados así que abraza la incomodidad y avanza con curiosidad y con un estado mental de crecimiento.  Evita compararte con otros y realiza una autoevaluación consciente de tus conocimientos, habilidades y logros.  Luego, trabaja en mejorar tu empleabilidad.

 

2. Incrementa tu vocabulario.  Un espacio grande de mejora donde las personas en transición fallan es que se quedan atorados en los modismos y acrónimos de la empresa de la que fueron parte.  Seguramente haz usado terminología y abreviaciones de la empresa de la que fuiste parte por tanto tiempo que no te das cuenta que puede estar limitando tu habilidad de comunicar tu valor.  Revisa tu curriculum, tus logros y cualquier herramienta de comunicación que uses y reescríbelas usando lenguaje y terminología genérica.  Busca en Linkedin y Google posiciones similares a la tuya o a la que aspiras para entender la terminología actual.  Incorpora estas palabras y verás cómo tu propuesta cobra más valor.

 

3. Oblígate a salir de tu zona cómoda.  Puedes incrementar tu adaptación a cosas nuevas tomando pequeños riesgos y probando cosas que antes no se te hubieran ocurrido: cambia el sabor del café que siempre pides o el restaurant al que siempre vas.  Si tiendes a ser una persona con gran tendencia al comfort regístrate a clases de impro, clases de canto, programa un viaje a la selva… Mientras más te retes a aprender cosas nuevas y hagas cosas que te saquen de tu zona segura, más fácil será afrontar los retos profesionales en el futuro.

 

4. Cierra las brechas.   Si estás preocupado de haber dejado que tus habilidades se queden paralizadas por mucho tiempo, la buena noticia es que existen estudios que muestran que el 85% de nuestras competencias son transferibles.  Encuentra lo que busca el mercado para tu posición y compáralo con lo que ofreces, ahí donde veas brechas busca cursos que te ayuden a cerrarlas.  Hoy en día, las habilidades más requeridas incluyen pensamiento crítico, colaboración, solución de problemas, liderazgo, persuasión y negociación, todas consideradas transferibles.  Si tienes un recorrido que muestre estas habilidades, destácalas en tu curriculum y a lo largo de la entrevista. La tecnología es fundamental para casi cualquier posición por lo que ponte al día en lo que esté relacionado con tu posición y asegúrate de que tus perfiles en las redes sociales estén bien puestos y reflejen esto.

 

5. Demuestra tu “agilidad”.  Aunque hayas estado en una empresa por muchos años seguramente puedas mostrar mucha capacidad de cambio y adaptación de la que piensas.  Si has cambiado de puestos, tomado roles globales, proyectos puntuales o dado un salto de posición muy grande o muy distinto, lo más posible es que hayas tenido que adaptarte a nuevos procesos, nuevos equipos, nuevas responsabilidades y nuevos retos.  Tal vez tu empresa pasó por una fusión, transformación, expansión, reestructuración o cualquier otro evento que haya impactado la forma como se hacían las cosas.  Estas experiencias siempre exigen adaptarse así que revisa tu historia con la empresa y vende esta habilidad.

 

6. Reconecta.  Quizá estuviste tan metido en los retos que te tocó enfrentar en el pasado que olvidaste trabajar en tu red de contactos.  No te preocupes, nunca es tarde para retomar.  Tus contactos dormidos, esas personas con las cuales tuviste una gran relación pero con las cuales has perdido contacto, son un gran lugar para empezar.  Linkedin es una gran herramienta para encontrarlos tanto a ellos como a contactos de segundo nivel (esas personas que son contactos de tu primer nivel).  Sin duda tendrás que hacer un esfuerzo enfocado en las personas que perdiste en el camino que hoy puedan ayudarte, pero no olvides que también están tus amigos, vecinos, ex compañeros de trabajo, familia, conocidos.  Todos ellos también tienen un segundo nivel de contactos que quizá puedan aportar gran valor.

 

7. Investiga.  Antes de zambullirte en una posición similar a la que tenías, evalúa si aún disfrutas tu trabajo.  Al ritmo que cambia el mercado laboral seguramente existen distintas posiciones de las que conocías, industrias e incluso funciones que no existían la última vez que buscaste trabajo.  Tomate tu tiempo y explora opciones.

 

Los seres humanos por naturaleza estamos diseñados para adaptarnos. A veces nosotros mismos entorpecemos el camino porque es fácil atorarnos en nuestros hábitos en lugar de cambiar, que normalmente exige foco, compromiso e intención.  Pero por lo general el obstáculo más grande es el miedo, y una vez que lo reconoces puedes hacer un plan para avanzar.

 

¡Buenas energías en tu búsqueda!