Un gerente que piensa estratégicamente tiene el hábito de entender las metas a largo plazo y establecer los objetivos necesarios para que su equipo alcance esas metas.

 

Me encanta dar ejemplos sencillos, y es algo así como cuando nadas en una piscina. Vas dando brazadas y breves bocanadas de aire para avanzar. Puede que avances rápido, pero si olvidas sacar la cabeza y tomar conciencia de tu destino, puede que acabes en la otra esquina de donde empezaste, ¿cierto?

 

Últimamente he tenido varias reuniones donde conversamos sobre la capacidad estratégica. Estos profesionales fueron avanzando muy bien en sus carreras, siendo excelentes técnicos, pero luego cuando llegaron a la posición deseada continuaron haciendo lo mismo.  Entonces se convirtieron en gerentes operativos muy caros para la empresa.

 

La estrategia está relacionada por supuesto con entender lo inmediato, pero por sobre todo, consiste en saber levantar la cabeza para mirar el panorama completo. Saber dimensionar las distintas implicancias o efectos de tal o cual decisión. Entender el todo y no sólo quedarte en lo que tienes al frente.

 

“Entender el bosque y no quedarte mirando el árbol”

 

Para pensar estratégicamente deberás aprender a desarrollar esta habilidad sobre la marcha. Y para ello recurrirás a todas tus herramientas de curiosidad, creatividad, resolución de problemas, trabajo en equipo y flexibilidad.

 

Al igual que en la natación, quizá al principio no puedas coordinar todos los movimientos y tragues un poco de agua. Pero con la práctica afinarás la técnica.

 

Cuando menos lo esperes estarás pensando estratégicamente:

  • No perderás de vista el objetivo a largo plazo
  • Podrás ver la dimensión completa de una situación
  • Podrás tomar decisiones entendiendo las implicancias en cada caso

 

Entonces: ¿cómo puedes desarrollar un pensamiento estratégico?

 

Hazte preguntas

 

¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? En todo momento examina críticamente cómo se han estado haciendo las cosas y pregúntate si se han hecho bien o se pueden mejorar. Como pensador estratégico, tienes que ver las cosas de todas las perspectivas posibles, con creatividad y lucidez.

 

Anticipa los resultados

 

Cómo en el ajedrez, piensa en todos los resultados posibles y elabora planes de respuesta para cada uno de ellos. Que nada te sorprenda y ten un plan elaborado para cada resultado posible.

 

Concéntrate en el futuro

 

Pensar estratégicamente es pensar en un objetivo a futuro y global de la empresa.

 

No te detengas en los detalles

 

Perder el foco en cuestiones particulares administrativas del día a día te atascará. Los pensadores estratégicos ven a la empresa y a las situaciones como un conjunto para evaluar las oportunidades que pueden surgir.

 

Conoce a tu equipo

 

No podrás hacer nada sin ayuda. Es clave que conozcas a tu equipo y sus capacidades para adaptarse a esa estrategia. Muchas veces es necesaria una reorganización en el equipo para alcanzar las metas.

 

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Apóyate en los datos

 

Si bien mucho del pensamiento estratégico se trata en hacer predicciones, apóyate en los datos para que las mismas sean lo más reales posibles.

 

Analiza tus amenazas

 

Piensa en todos los factores externos que, de manera imprevista, pueden afectar tu plan estratégico. Desde una baja en tu equipo hasta cambios en las regulaciones gubernamentales o crisis financieras pueden poner en jaque tu estrategia.

 

Piensa estratégicamente en pequeño

 

Pensar estratégicamente no se da de la noche a la mañana, digamos que es un comportamiento que se trabaja de forma lenta y que se va formando a base de golpes, experiencia y paciencia.

 

Pero es cierto que si no comienzas ya, nunca lo harás.

 

Mi consejo es: practica, practica y practica.

 

¿Cómo?

 

Con estrategias cortas, realistas y alcanzables tanto tú como tu equipo podrán ir midiendo y adaptándose a pensar estratégicamente.

 

Y antes de darte cuenta, estarás jugando en las grandes ligas.