Publicado en SEMANAeconomica

 

Seamos realistas… ¿Conoces a alguien que disfrute de buscar trabajo?  ¡Yo no!  Cuando decides (voluntaria o involuntariamente) buscar trabajo estás decidiendo caminar por un territorio inexplorado que puede ser complejo, confuso y algunas veces incluso desagradable. Y cuando estás buscando trabajo debido a un cambio inesperado en tu vida definitivamente estás en una situación que no elegiste, haciendo el proceso más frustrante aún. 

 

Muchas veces el entender algo es el punto de partida para poder gestionarlo, por lo que comparto contigo qué es lo que pasa con tu cerebro cuando estás en un proceso de búsqueda de trabajo. 

 

Nuestro cerebro reptiliano (el más básico y que nos cuida de los peligros) realmente es sobre estimulado en un proceso de búsqueda de trabajo. Todo el tiempo está preguntándose: “¿Es seguro hacer esto?” Y, desafortunadamente, durante una búsqueda laboral la respuesta por lo general va a ser “No”. El proceso de búsqueda es estresante y está lleno de minas sicológicas como por ejemplo el miedo al rechazo, desafíos en la autoestima y ataques de perfeccionismo. Y por supuesto, eso es lo que pasa desde tu lado, pero ¿qué pasa cuando muchos de los problemas están en el lado contratante y fuera de tu control? Otra situación más con la que tu cerebro debe lidiar. 

 

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La primera razón por la que a nuestros cerebros no les gusta la búsqueda de trabajo es la falta de control. A nuestros cerebros les gusta estar en control o, por lo menos, sentirlo así. Le gusta la certeza y una búsqueda de trabajo trae mucha incertidumbre. No sabemos, por ejemplo, quiénes son los otros candidatos o cómo funciona el proceso de contratación. No sabemos si la decisión la tomará una persona o un conjunto de personas de la empresa. Tampoco sabemos cuánto tiempo tardará el proceso. Por lo general, estamos a merced del sistema que muchas veces no es abierto o transparente, lo que hace que la mayor parte del control esté fuera de nuestras manos. 

 

Otra cosa que nuestro cerebro odia es el sentido de “injusticia”. Cuando no sabemos por qué o cómo alguien fue elegido para una posición, nos preguntamos si el proceso fue “justo”. Muchas veces escucho a candidatos frustrados porque una persona interna fue seleccionada, entonces “¿por qué se molestaron en publicar la posición si ya sabían que elegirían desde dentro de la empresa?” Es natural que un empleador quiera asegurarse que está tomando la decisión correcta y desee ver otras personas con talento que podrían estar disponibles. Es natural también que desde la mirada de la persona de fuera, la elección de un candidato que no pareciera el correcto, pueda llevar a sentimientos de injusticia. ¡Y nuestro cerebro odia la injusticia! De acuerdo con David Rock, las emociones de injusticia transcurren neurológicamente por el mismo circuito que el sentimiento del dolor, por lo que es natural que algo nos duela cuando lo percibimos como injusto. 

 

A nuestro cerebro no le gusta tampoco lo que no conoce. El miedo a lo desconocido es lo que frena a una persona que está iniciando una búsqueda de trabajo. “Es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”, hace que muchas personas se pierdan de nuevas experiencias. No sabes si tu siguiente jefe será tu próxima pesadilla, por lo que seguramente tengas que arriesgarte y confiar. Confiar en que el trabajo será como te lo pintaron en la entrevista (y su vez tu empleador espera y confía que tú seas como te presentaste en la entrevista). Confiar en que tus compañeros serán agradables. Si tienes equipo a cargo, esperar que sean talentosos y motivados. Lo cierto es que el miedo a lo desconocido te va a frenar de buscar posibilidades y te mantendrá atado a tu posición actual. 

 

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La preocupación sobre colegas, jefes y subordinados levanta otra preocupación que nuestro cerebro odia: rechazo y exclusión social. Queremos pertenecer. Queremos ser aceptados y ser parte del grupo. Queremos saber que nuestro nuevo jefe nos aceptará/valorará igual o más que el jefe anterior. Queremos estar con personas que sepan trabajar en equipo y, muchas veces, queremos también hacer amigos. Entonces, no sólo estamos buscando trabajo, estamos buscando un ambiente en donde nos sintamos cómodos, seguros y aceptados. 

 

Finalmente, la búsqueda de trabajo requiere que realices una serie de tareas que tal vez no hayas hecho antes o no hayas hecho en mucho tiempo. Y, a la vez, tienes que cubrir todos los aspectos de la búsqueda de manera perfecta, o por lo menos lo mejor posible. Desarrollar una fuerte competencia en comunicación escrita, saber manejar redes sociales, ser un experto en networking y ser también un buen storyteller son factores importantes en tu búsqueda. La verdad de las cosas es que no nacimos con estas competencias y esta etapa nos exige ponernos en zonas incómodas todo el tiempo.  

 

Por lo general, las personas introvertidas disfrutan el desarrollar sus herramientas de ventas y trabajar aislados, y no lo hacen igual de contentos cuando les toca entrevistarse o salir a reuniones de networking, y al revés pasa con los extrovertidos. Nuestro cerebro siempre va a preferir un modo sobre el otro, por lo que es estresante sentirte obligado a performar en los dos modos. La etapa de preparación puede llevarte también a problemas como el perfeccionismo y/o comparaciones quedándote congelado dilatando el proceso. 

 

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Y, aunque pasar por un proceso de búsqueda es estresante y lleno de experiencias que tu cerebro odia, es importante conocer con qué estás batallando cada día y en cada una de las etapas del proceso.  Tomar conciencia te permitirá desarrollar estrategias para lidiar con tu cerebro reptiliano, evitando que éste te sabotee.